El Polo Científico Tecnológico de Río Cuarto fue escenario de un encuentro que buscó poner en el centro de la agenda empresarial una pregunta clave: ¿cómo se integran las buenas prácticas ambientales al desarrollo productivo? La actividad, organizada por la Mesa de Impacto Río Cuarto, la Comisión de Mujeres Empresarias del CECIS y la Universidad Nacional de Río Cuarto, reunió a actores del ámbito privado, académico, financiero y gubernamental.
El conversatorio tuvo lugar el miércoles 30 y fue declarado de interés legislativo por el Concejo Deliberante. Se propuso como espacio para compartir experiencias concretas, identificar desafíos comunes y dar a conocer líneas de financiamiento que acompañen procesos de transformación sostenible.
Entre los panelistas se destacaron referentes de distintos sectores que coincidieron en que el compromiso ambiental no es una moda, sino una necesidad que atraviesa todos los modelos de negocio.
Uno de ellos fue César Cismondi, presidente del Grupo INCISA, que reúne una constructora, una planta de biogeneración eléctrica y una empresa agropecuaria. Durante su presentación y en diálogo posterior, Cismondi explicó cómo integran procesos circulares en su producción: “La sustentabilidad dejó de ser una opción, y pasa a ser un criterio de competitividad. Las empresas que no observen actividades de reducción de huella de carbono o economía circular, van a empezar a perder mercado”.
La biogeneradora del grupo, que utiliza residuos orgánicos industriales de hasta 200 kilómetros a la redonda, genera energía y produce un compost con el que fertilizan campos propios, reemplazando hasta un 70% de los fertilizantes inorgánicos.
Desde el sector financiero y tecnológico, Sebastián Taborda, gerente comercial de Naranja X, expresó que la mirada ambiental está incorporada como parte de los objetivos organizacionales. “Esto llegó para quedarse, no es una moda. No veo el futuro de las compañías sin un track de innovación o impacto socioambiental”, señaló. Taborda explicó que el enfoque de su empresa busca generar conversaciones, redes y prácticas concretas que impulsen el cambio desde adentro hacia afuera.
También participó Mariano Bearzotti, referente de turismo sustentable en Santa Rosa de Calamuchita. Representando a la agencia Alto Rumbo, que realiza actividades de trekking en el Cerro Champaquí, Bearzotti remarcó el impacto de la actividad turística sobre los ecosistemas de altura y explicó la transformación que emprendieron: “Hace cinco años iniciamos un proyecto de restauración de bosques de altura. Esta campaña que va hacia 2025 prevé llegar al millón de árboles plantados en la cuenca hídrica más importante de Córdoba”.
Bearzotti integra una red de cinco iniciativas agrupadas en la ONG Acción Serrana, que actúa en la restauración de zonas críticas para el ciclo del agua. En este marco, el encuentro también sirvió como espacio de vinculación para que empresas que están incorporando criterios de impacto ambiental conozcan proyectos en marcha y consideren sumarse a través de inversión o cooperación. “Las empresas también deben conocer modelos que han cambiado su mirada. Eso genera un networking que es lo que venimos a buscar”, expresó.
El evento concluyó con un espacio de intercambio informal, orientado a fomentar nuevas alianzas. Las experiencias compartidas mostraron que, a pesar de las barreras iniciales, hay caminos diversos para integrar sostenibilidad y competitividad, desde empresas que transforman residuos en energía hasta aquellas que promueven la restauración de ecosistemas.